Vamos a ponernos un poco sentimentales para escribir el cuento de este
año. ¿Quién no se ha sentido alguna vez abrumado
por el enorme peso de los sentimientos?, ¿quién no se ha
visto en ocasiones incapaz de sujetar esa fuerza que desatan en nuestro
interior las más diversas emociones? Los seres humanos tenemos
ese pequeño inconveniente, que a veces, sin quererlo, nos vemos
convertidos en meros náufragos sometidos al caprichoso oleaje de
las más penosas pasiones.
Cuando
decimos sentimientos, seamos claros, nos referimos por supuesto, a los
malos sentimientos, y no a los otros, sólo a los que nos hacen
sufrir de verdad, a los que nos provocan dolor, dolor y más dolor.
A pesar de todo, hay que reconocer que estos son una fuente inagotable
de inspiración literaria, eso sí es verdad.
Escribamos
pues, una historia en donde contemos aquel momento en que nos sentimos
hundidos, humillados, derrotados, ridiculizados. ¿Cómo era
todo a nuestro alrededor en ese momento tan terrible? El paisaje, la calle
por donde siempre pasábamos, la clase a la que asistíamos
día tras día, el profesor de lengua, nuestros amigos, nuestros
familiares ¿Cómo era todo ello bajo el prisma de nuestro
sufrimiento?
Escribamos
esa historia sin ningún miedo, pero para no resultar excesivamente
pesimistas, que no es ni mucho menos nuestra intención, introduzcamos
un elemento que nos permita cambiar de parecer, que al menos nos deje
un poso dulce y esperanzador; acabemos esa historia recordando el motivo
que nos hizo cambiar la inercia de nuestra tristeza. ¿Cómo
conseguimos apartar de nosotros el amargo sabor de ese dolor?, ¿qué
nos hizo reconciliarnos de nuevo con nosotros mismos o con el mundo que
nos rodeaba?
Venga,
ánimo, escribid esa historia, y si el pudor os impide narrar un
hecho verídico, inventáoslo, también sirve. Ahí
va un ejemplo escrito por un alumno de vuestra edad, para que os sirva
de inspiración.
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“Sentada
en un montículo de arena, contemplaba la dulzura con que las olas
acariciaban el pálido rostro de las rocas.
Su brisa me envolvía silenciosamente. Aquella mañana, estaba
deprimida. No me importaba nada, ni nadie me quería. Me sentía
sola. El mundo no estaba hecho para mí. Sin embargo, ante aquella
imagen, mis sentimientos respecto a la vida cambiaron completamente.
El sol, con sus rayos como llamaradas, abrazaba mi piel y comenzaba a
perder parte de la depresión. La naturaleza me hacía descubrir
el lado bondadoso de la vida.
La imagen del sol ya no podía divisarse entre el cielo y el mar.
Los diferentes tonos se iban difuminando en las aguas.
La noche apareció en silencio. Las primeras estrellas iluminaron
gran parte del cielo. Aquella noche la luna era más hermosa que
nunca, con su vestido de gala parecía irse de paseo, parecía
la protectora de la playa.
Todo ello me hizo recordar los viejos tiempos, cuando todo marchaba bien.
Me fui introduciendo en el mar que parecía un cristal transparente.
En lo alto de una colina se erigía un pino solitario. Parecía
que la suave humedad de la noche le hiciera llorar. Al fin, comprendí
que tan sólo por eso, valía la pena vivir.”
BASES
DEL CONCURSO
1. Se presentará en una cartulina escrita por una sola
cara que podrá adornarse al gusto y capacidad del cuentista.
2. El
cuento se presentará firmado con seudónimo,
indicando, eso sí, en lugar visible, el curso al que pertenece.
3. Los
cuentos se entregarán al tutor del curso, que
se encargará de hacérselos llegar a alguno de los miembros
del jurado del concurso.
4. La
fecha límite de entrega al jurado, será el viernes
5 de febrero, no aceptándose los cuentos entregados fuera
de ese plazo.
5. Los
ganadores se harán públicos el viernes 12 de febrero.