Estaba sola, sentada en aquel triste y húmedo columpio donde corrían
las penas, la lluvia caía por mis párpados.
Me di cuenta de que la persona que más quise, en realidad fue la
que más daño me hizo. Después de darlo todo hasta
el último suspiro, me dejó sola, sabiendo que sin él,
yo no volvería a ser yo…
Todos los que decían ser amigos, fueron en realidad enemigos. Me
di cuenta de que el tiempo empleado fue en vano. Cada frase, cada canción…
todo me recordaba a él. Aquel sitio donde nuestras miradas se cruzaron
por primera vez, esa canción que significó tanto, por la
que ahora, mil lágrimas se derraman.
Con mis amigos, no me comportaba como debía, lo daban todo por
sacarme una sonrisa, por volver a hacerme feliz, pero yo despreciaba su
apoyo. Con mi familia, no les dirigía la palabra, sólo dormía
y lloraba, los problemas aumentaban… Sólo quería tenerle
a él a mi lado. En clase, estaba en otro mundo, pensaba en él.
Mis notas bajaron, pero no podía ser feliz.
Una persona me dijo "Nadie se merece tu lágrimas. El amor
que tú le supiste dar, él no lo supo valorar".
Es la persona a la que considero verdaderamente mi amiga, al que le debo
todo, porque sin él no tendría valor a sonreír. Cada
mañana me levanto sabiendo que alguien estará ahí
para darme ese beso o el abrazo que me devuelva la ilusión.