Oigo el constante y acompasado repiqueteo de la lluvia
al caer contra mi ventana, cada pequeña gota causando un pequeño
impacto, resbalando sobre la superficie del cristal, su caída no
cesa, igual que la mía. Llevo días, meses, no sabría
decir con exactitud el tiempo, pues ya he perdido la noción del
mismo, sumergida en este vacío del que no puedo salir. Los días
son tristes, todos y cada uno de ellos, mi vida ahora se desarrolla entre
sombras, lenta y pausadamente. Esta extraña opresión en
mi pecho que no me deja respirar, me acompaña a cada momento, siento
que me estoy ahogando con mi propia existencia.
Quiero gritar y no puede, no me sale la voz, de todas formas nadie me
iba a escuchar, estoy sola y solo quiero quedarme así, en esta
angustiosa situación a la que llaman depresión y en esta
posición a la que le dan el nombre de masoquismo. No encuentro
motivos, ni tengo ya fuerzas para encontrarlos. Mi actitud ante la vida
se resume ahora en la palabra indiferencia. Me siento perdida, el suelo
ya no se me presenta firme bajo mis pies, cada paso que doy es una aproximación
al vacío. Pero aun así, no puedo evitar recordar aquellos
días en los que todo era distinto.
Otra gota, y otra, y otra más. Caen, chocan. Resbalan. Los días
de lluvia siempre fueron mis preferidos. Evocan en mi mente tantas cosas…
Nostalgia. Sí, aún puedo recordar el tiempo en el que cada
nuevo día se presentaba como una emocionante aventura desafiándome
a vivirla, cada mañana cuando los rayos del sol acariciaban mi
cara, produciéndome esa agradable sensación de calidez al
despertarme.
Todavía puedo recordar el amor de la gente a la que ahora he apartado
de mi vida de una forma tan injusta. Solía sentirme viva, y qué
buena era esa sensación, podía con todo, nada me detenía,
simplemente era feliz.
Me miro y me pregunto, sin encontrar respuesta, en qué intrínseco
y olvidado rincón de mi alma dejé esa parte de mí,
quiero recuperarla. Me doy cuenta de que todo eso sigue a mi alrededor
esperando a que vuelva a abrir los ojos para verlo. Ya es tiempo de que
recupere mi vida, y ahora es cuando despacio, no sin miedo, comienzan
mis párpados a abrirse de nuevo.